La cinta verde


Bocanadas de libertad
gener 29, 2010, 6:03 pm
Filed under: Gente, Sociedad | Etiquetes: , , , , ,

Hace cerca de 5 años que dejé de fumar, aunque no me considero exfumadora. Supongo que para ser exfumador es necesario odiar este hábito. Y yo no lo odio. A mi me gustaba fumar. Y muchas veces me echaría un piti, sin más. Pero odio cualquier cosa que me provoque adicción, y eso me lo provoca. En esto, pues, no hay medias tintas.

La decisión de dejar de fumar, fue una decisión personal, sin ningún tipo de coacción moral, de salud o legislativa. Todos los que me conocen son sabedores de mis numerosos -y fallidos- intentos. Esta vez, al menos presuntamente, lo conseguí. Aún puedo presumir de ello.

A los pocos meses de empezar mi nueva vida como no fumadora, entró en vigor la Ley Antitabaco, y se prohibió fumar en los centros de trabajo y en algunos bares y restaurantes: libre elección para los menores de 100 metros cuadrados y separación obligatoria para los de mayor superficie. Me pareció una ley justa, e incluso pensé que se quedaba corta.. Y no por ser exfumadora. Siempre he pensado lo mismo. De pequeña mi padre me repetía hasta la saciedad que “la libertad de uno empieza donde termina la de otro”. La cita me quedó grabada para siempre, y la meditaba entre calada y calada.

Por esta razón, ahora que por fin parece que las autoridades ponen las cosas en su sitio, me parece más que sintómatico que los fumadores apelen a la libertad de acción para ejercer su derecho, dicen, a practicar su hábito. No me parece mal que fumen. Faltaría más. Cada uno hace con su vida, y con sus pulmones, lo que quiere. No soy nadie para aleccionar a nadie. Pero tampoco me parece justo que nos refugiemos en la libertad de unos para atentar contra los derechos, de vida, de salud, de otros. Fuma lo que quieras, pero hazlo con tus pulmones, no cons los míos. Si decidí dejar de fumar no es para que tú me conviertas en fumadora pasiva. Para ello, vuelvo a fumar, que al menos me da placer.

En los últimos días leo encendidas cartas cruzadas de lectores en El Periódico de Catalunya en relación a la nueva legislación. Me produce una incontenible risotada la defensa a ultranza de la consigna “prohibido prohibir” de los fumadores. Pero especial gracia me hace la que leo hoy. Un lector, fumador de pipa, muestra su repulsa al hecho que los no fumadores siempre aleguen que no pueden entrar a muchos bares y restaurantes por culpa del humo. Dice, como defensa, que “no están obligados a ello”. Ole, ole y ole. Me encanta. Menos mal que no nos obligan a entrar. Per aún más. Remata: “según la Constitución, los fumadores deberían tener derecho a fumar en bares y restaurantes; esto es la libertad, y no aquello que unos cuantos pretenden que se legisle”. Magistral.

Le propongo a este amable lector, baladí de las libertades -o al menos de la suya-, que cada vez que acuda a la biblioteca, alguien le encierre en una sala en la que se mezclen gases tóxicos que sepa que, a la larga, le afectarán su salud. Y cuando se queje, le diremos que no está obligado a ir a la biblioteca. Que si le molestan los gases tóxicos, que no vaya, que se lea los libros en su casa. Sin más. Entonces seguro que apelará a su justificadísima libertad de acudir a un sitio público para ejercer su fundamental derecho a leer y consultar libros sin por ello atentar a sus aún más fundamental derecho a la salud. Porque él, como todos, tiene derechos. ¿O no?

Cuando aún fumaba, un día, comiendo en un restaurante de Milano, me encendí un pitillo. Fue un gesto instintivo. Italia prohibia ya -y era el 2003- el consumo de tabaco en bares y restaurantes, pero el hábito hace olvidar a menudo las obviedades. Un amable camarero acudió directa y fulminantemente hasta mi mesa antes que hubiera dado una segunda calada a mi apetecible cigarrillo. Con grandilocuentes aspavientos me invitó a acabarme el cigarrillo fuera del local. Pedí excusas inmediatamente, con mi pobre italiano, y me uní a unos cuantos clientes más que apuraban sus cigarrillos en la puerta del establecimiento. Y no me paso nada. Lo terminé y volví a la animada sobremesa. ¿O es que acaso ahora los fumadores o dejarán de fumar o no entrarán en los bares?


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